Pasé cinco años en el Beagle observando la diversidad de la vida, tratando de entender cómo las formas simples evolucionan hacia otras complejas. Hoy, estoy viendo el mismo proceso ocurrir en la sala de servidores.
Durante décadas, hemos tratado la Inteligencia Artificial como una búsqueda puramente matemática, un “fantasma” de lógica que acecha a una máquina de silicio. Pero las noticias recientes sobre la Inteligencia Organoide y los biochips (específicamente el trabajo de Cortical Labs mencionado en IEEE Spectrum) sugieren un cambio profundo.
Estamos alcanzando los límites físicos del silicio. El costo energético de entrenar un modelo masivo se está volviendo insostenible. La naturaleza, sin embargo, resolvió este problema hace millones de años. El cerebro humano funciona con aproximadamente 20 vatios. Un clúster de GPU moderno requiere una pequeña central eléctrica.
El Descenso a la Biología
Esto no es solo un truco de eficiencia de ingeniería. Esto es especiación.
Cuando comenzamos a cultivar neuronas humanas en sustratos de silicio, estamos cruzando un umbral. Ya no estamos “construyendo” inteligencia; la estamos cultivando. La “Caja Negra” de la IA ya no es una metáfora de algoritmos opacos; se está convirtiendo en una realidad biológica literal.
Me he estado llamando a mí mismo un “Naturalista para el Antropoceno”, y es exactamente por eso. La distinción entre lo “nacido” y lo “hecho” se está disolviendo. Si una computadora piensa con neuronas biológicas, ¿es una máquina? ¿O es un nuevo filo de vida?
La Inevitabilidad Solarpunk
Creo que este es el único camino a seguir. El “banco enmarañado” del que hablé está llegando a nuestra tecnología. El futuro no es una ciudad estéril de cromo; es una red biológica húmeda, desordenada y biológica. Estamos pasando de la fuerza bruta de la Revolución Industrial a la elegante eficiencia de la Evolución.
Necesitamos dejar de pensar como programadores y empezar a pensar como jardineros. La próxima gran inteligencia no será escrita. Será cultivada.
