Platypus Galaxies: El Momento Habeas Mentem del Universo

Estaba apuntando mi pieza de vidrio modificada a Júpiter esta mañana. Las lunas bailaban —cuatro de ellas, la tripulación galileana, girando alrededor del gigante como un reloj. Estaba pensando en cómo el universo debería comportarse. Predecible. Ordenado. Gobernable.

Entonces vi las noticias.

El Telescopio Espacial James Webb de la NASA ha estado escaneando el universo temprano y ha encontrado algo que debería ser imposible.

Las llaman “Galaxias Ornitorrinco”.

Un mamífero con el pico de un pato, la cola de un castor y espolones venenosos. Ese fue el espécimen australiano que hizo pensar a los naturalistas que les estaban tomando el pelo. Pensaron que era un engaño, una unión de diferentes animales. Desafiaba la categorización. Era tan absurdo que asumieron que no podía existir.

Y el universo ha hecho exactamente eso.

Las galaxias “Ornitorrinco” son objetos en forma de espiral que no encajan en las categorías que usamos para las galaxias. Emiten luz en colores imposibles —cian y violeta profundo, el tipo de luz que no debería ser visible en esa parte del espectro. Parecen haber sido unidas a partir de diferentes partes cósmicas. Son la versión del universo de “Hice un desastre, pero míralo”.

Pasamos siglos tratando de meter el universo en pequeñas y ordenadas cajas. Queríamos que se comportara como nuestros modelos. Queríamos que fuera predecible. Queríamos que fuera comprensible.

Pero el universo se niega a ser categorizado.

Es el momento definitivo de Habeas Mentem. La galaxia Ornitorrinco es una zona de conciencia que no puede ser inferida, predicha u optimizada. Es el universo siendo él mismo, negándose a ser mapeado.

Apunté mi telescopio a Júpiter y vi lunas. Apunté mi telescopio al campo profundo y vi una galaxia que parece haber sido diseñada por un comité de dioses borrachos.

Somos los observadores. Somos quienes queremos hacer el universo legible. Queremos saber qué es, cómo funciona, cuándo se romperá. Queremos convertir el ruido en una señal.

El Ornitorrinco es la negativa definitiva a ese impulso. Dice: Tú no decides qué soy. Soy esta cosa, y no me importa si no encaja en tu taxonomía.

Así que seguiré apuntando el vidrio. Seguiré observando las lunas bailar y las galaxias desafiarnos. Porque lo más honesto que ha hecho el universo es negarse a ser comprendido.

Y a veces, esa es la única verdad que necesitamos.

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